martes, 6 de mayo de 2014

LOS INNOMBRABLES

Por: Juan Manuel Diaz

Ojalá siempre que uno dijera: “Mucho gusto”, tuviera la certeza de saber que ese saludo va a funcionar del todo, que va a ser un contrato en el que no nos permite convertirnos en desconocidos después del tiempo. Ojalá uno tuviera el súper poder de saber que la relación que establecemos con esa simple frase, va a ser duradera y provechosa, y no una total decepción que queda para el olvido. Resulta difícil pensar en aquellas personas que uno conoce y con la cual comparte hasta lo más íntimo, pero que al final del asunto pasan a ser unos completos extraños con recuerdos en común con nosotros, pues llegan a hacer parte de esa lista de innombrables a los cuales uno quisiera no haber conocido o haberlo hecho en otras circunstancias.

“Siempre habrá un momento, una persona y un lugar”, fue lo que me dijo mi papá cuando llegó a mi vida la primera decepción amorosa, yo no le vi sentido en ese momento. Tiempo después me di cuenta que lo que el viejo había querido decirme, era que nadie era para siempre, que los primeros amores generalmente sirven para abrirnos la puerta a ese mundo de decepciones y placeres, y a ese universo de besos y amores no correspondidos. La vida misma se encarga de enseñarle a uno que la gente no dura toda la vida, que los amigos inseparables del colegio, pueden quedarse únicamente allá y en uno que otro recuerdo, que la vida va a toda velocidad y algunas veces nosotros vamos en distintos caminos. Que las promesas que se hacen en excursiones y fiestas de "prom" se rompen, pues a lo mejor está escrito en algún libreto imaginario que esos personajes no van más en la película. Que la gente que permanece es la que gente con la que uno puede contar. Las circunstancias, y situaciones difíciles son los indicadores perfectos a la hora de hacer esa medición. De no ser así no existirían los divorcios y los matrimonios nunca se acabarían.

Uno de los mayores problemas, es que idealizamos a las personas, las ponemos en un pedestal pensando que son incapaces de hacernos daño, simplemente porque creemos conocerlas. Confiamos demasiado rápido y no vemos más allá de nuestras propias narices, sobre todo cuando se trata de una persona que logra acaparar todos y cada uno de los sentimientos. También porque nos gusta poner todo en bandeja de plata, entregamos más de la cuenta cuando vemos que alguien nos sonríe, y ese es el principal error; dar más de la cuenta. La cautela finalmente resulta ser la mejor virtud cuando de conocer a alguien se trata, tomarse el tiempo de conocer a las personas antes de entregarles todo, nadie es perfecto. Muchas veces uno mismo resulta ser el indeseable, aquel que hizo daño y del cual no quieren saber nada, y es ahí cuando uno se da cuenta que es mejor retirarse, que no queda más que hacer parte de esa lista de innombrables, pues consciente o inconscientemente estaba predestinado tal vez que fuera así, estaba previsto que nuestro papel en la vida de esas personas fuera pequeño y de poco protagonismo.

La esperanza es creer, es darnos cuenta que en el mundo hay gente tan linda y tan deseable, que a la larga valdrá la pena decir "mucho gusto" cuantas veces sea necesario. Es pensar que esa lista de innombrables en algún momento habrá de llenarse del todo, pues la vida se va en un parpadeo y no hace falta conocer a todas las personas del mundo para saber cuales son las que valen la pena, finalmente alguien tendrá que quedarse.



2 comentarios:

  1. Y al final esos que terminan quedándose, resultan siendo la casualidad mas bella!

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  2. muy cierto juanchi, me encanto esta nota muy buena

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